A propósito de la marcha feminista/Por Edgar Landa Hernández.

Eran la plática de sobremesa, en la cuales, apostados alrededor de ella, mis hermanos y un servidor escuchábamos atentos la anécdotas y enseñanzas de nuestro padre para ser mejores personas, respetuosos y cordiales, y sobre todo mejores seres humanos.

Mi padre por lo regular nos inculcaba por el respeto a las mujeres, a nuestra familia y a nosotros mismos, de forma que pudiéramos aportar algo positivo a nuestra sociedad y contribuir a construir un entorno diferente al que vivió él.

Y viene este tema a colación, ya que el próximo 9 de marzo se llevará a cabo en el país, una manifestación denominada “El nueve nadie se mueve “tomando como marco el día internacional de la mujer.

La fábula que nos compartía mi padre era la de una señora alcahueta, una señora que mimaba a su hijito de 33 años, a su bebé como ella le decía. Desde que era un adolescente el chico llegaba a su casa con objetos, enseres domésticos, ropa, dinero, siendo que el chico no trabajaba y mucho menos asistía a la escuela.

Pero para eso la mamá aplaudía el proceder de su niño, sin preguntar el origen de los recursos y objetos que llegaban a su hogar.

Cierta ocasión, después de que el nene llegó pasado de copas y echando pleito, (como era costumbre después de echarse unos tragos)los vecinos mandaron a llamar a la policía, ATRAPANDO al borrachales mala copa y subiéndolo a la batea de la patrulla, no sin antes escuchar los gritos desgarradores de la madre para que no se llevaran a su vástago, ella insistentemente prometía a los gendarmes que ella se haría cargo de su hijo, pero que no le hicieran daño al angelito. Pero más tardó en irse la patrulla que la madre regresar con su hijo.

Fueron muchas las ocasiones que la misma historia se repetía, hasta que un día, llegaron hasta casa de la madre soldados federales, llevando orden de aprehensión para su hijo. Sería detenido para ser juzgado por posesión de arma de fuego, secuestro, y tráfico de estupefacientes.

La madre deshecha clamaba por que dejaran libre a su hijo, al que jamás corrigió, al que le aplaudía sus atrocidades, incluso ofrecía una suma importante de dinero para que lo dejaran libre.
Fue entonces que el hijo, sobrio, pidió acercarse a su madre para despedirse, cosa que fue concedida, y cuando estaba justo cerca de su madre, el sujeto de porras le pidió darle un beso en la mejilla, sin imaginarse la madre que únicamente era para que su hijo le arrancara una oreja.

La madre sorprendida cuestionaba al hijo su actitud, ya que ella lo había dado todo por él, a lo que el hijo con voz llorosa respondió, “Si tu me hubieras corregido a tiempo, si hubieras preguntado a qué me dedicaba, no estaríamos en esta situación, tanto tengo yo la culpa, como la tienes tú”.

“Los padres son los mejores modelos a seguir para los niños. Cada palabra, movimiento y acción tiene un efecto.”
Bob Keeshan.

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