El Mecánico de la escritura./Por Edgar Landa Hernández.

En la mayoría de los casos la gente que acude a mi taller automotriz se queda sorprendida al ver, en una parte de él, estantes con libros de diversos autores, así como de reconocimientos que he recibido por parte de las actividades literarias en las que he participado.

Me preguntan asombrados de qué forma llegué a la escritura y sobre todo a la lectura, si mi lugar de trabajo no es propicio para ello, ya que por lo regular, sonidos diversos son el común denominador.

No obstante, mi forma de ser y actuar da para darles las explicaciones referentes a ello.

Cuando algo te motiva y te apasiona se busca la manera y los tiempos para ejercerlos. No busco el porqué, sino el para qué.

Si bien es cierto que el ruido de la compresora, así como de la rectificadora hacen que el ambiente se vuelva caótico, cuando tengo oportunidad me olvido de todo ello. Me concentro en lo que tengo en mi mente y empiezo a escribir, es algo así como envolverme en otra dimensión dejando de lado lo que sucede alrededor y me dedico únicamente a escribir del tema que yo quiero.

La escritura es una terapia que me lleva por mundos diversos, encarno diversos personajes que a la postre comparto con mis lectores creando una serie de historias que nos llevan de la mano por rutas inimaginables que al final nos dejan una enseñanza, una reflexión.

Para poder escribir de diferentes temas tengo que estudiar, leer, aprender y sobre todo comprender para que cuando yo lo escriba la gente tenga argumentos bien sustentados de lo que quiero decirles.

Hoy en día todo es pensamiento, y que mejor que pueda hacerse de manera poética.

Una amiga me decía que yo soy el mecánico de la escritura.

Mientras reparo un auto, me volcó dentro de las piezas, me guío por cada una de las formas para diferenciarlas y colocarlas como es debido. Cada figura geométrica es una parte dentro del extenso rompecabezas de la mecánica logrando con exactitud encajar en espacios propicios para ello.

Ningún tornillo debe de sobrar, ni faltar. Todo está perfectamente diseñado.

Crear dentro de un entorno muy diferente al que la mayoría lo hace, es algo que he podido hacer sin problema alguno.

Y mientras tanto Dios me conceda el tiempo de continuar mis actividades dentro del ámbito automotriz y literario, seguiré disfrutando como en toda poesía, sin faltar la sublime intuición del instante luminoso que a través de la mecánica me lleve a un momento de revelación.

Se los comparte su amigo de la eterna sonrisa

Edgar Landa Hernández.

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