Una navidad sin mamá/Por Margarita Arellano Hernández

LEX FEMME

Hoy les contaré esta historia, triste, nostálgica que existe en varios hogares, en un municipio alegre, industrial, lleno de comercio, en una casa conformada por una hermosa familia, el padre: un médico prominente, tres niños, un perico parlanchín llamado Nicolás, y Nescafe el perro de la familia, y sobre una cama una mujer sumamente enferma, madre de los niños, pues la aquejaba desde hace varios años una enfermedad que la mantenía paralítica, inmóvil.

Una mujer que cuando se encontraba sana, le gustaba la música de sobremesa, como Richard Clayderman en especial Balada para Adelina, Flauta de Pan, Serenata Nocturna, Pedro Infante, hoy en día poco se escucha, ella era maestra y directora de un Jardín de niños.

A la profesora le gustaba realizar manualidades, leer sobre la historia y observar las fotografías antiguas cuando sus hijos dormían, ella les hablaba al oído, les decía que los amaba, y que siempre los defendería de quién sea, porque pensaba, que cuando se les habla con amor a los niños, esas palabras entran al subconsciente y quedan grabadas en su mente, además que si tenían miedo, ella entraría a sus sueños y lucharía contra los monstruos y dragones; ¡era de gran imaginación!

Esta familia estaba llena de amor. Los niños eran felices; la mujer, era el sol de la casa, además, tenía un gran corazón. En estas fechas navideñas horneaba galletas y se las regalaba a los niños pobres e iba a las colonias de la periferia.

Esa mujer tenía un gran pendiente, pues sabía que debido a su enfermedad, el final se acercaba y el dolor más grande que sentía, no era el de su enfermedad, era dejar a sus tres pequeños hijos cuando ella partiera, en ocasiones les hablaba de su partida a sus pequeños hijos, situación que ellos no entendían, ni siquiera comprendían el porqué de aquel llanto lastimoso de su madre.

Unos días antes de la navidad la madre la pidió a su hija pequeña que por favor fuera a llamar a la costurera ya que vivía a una cuadra de su hogar, la niña obedeció y llegó la mujer solicitada, la enferma le pedía que por favor le confeccionara un vestido blanco largo para su partida, empezó a tomar la medidas mientras las lágrimas de la profesora rodaban por sus mejillas, así mismo daba una instrucción que llegado el momento la niña iría por el vestido.

Los niños únicamente sentían como los abrazaba muy fuerte con su brazo derecho, pues el izquierdo ya no le funcionaba, junto con toda la mitad de su cuerpo, después de una severa trombosis había quedado parapléjica, ella les platicaba historias hermosas, de duendes, princesas y sirenas a sus pequeños hijos, los sentaban alrededor de su cama, le era tan difícil hablar, ya que parte de su rostro también ya no lo movía y su voz era lenta, pausada, su hija la más pequeña de 8 años no entendía que sucedía, pero sentía que su madre sufría, les repetía que eran muy importantes los valores, el respeto, amor, la bondad y el agradecimiento a cada uno de sus hijos y repetía que nunca olvidaran esas palabras.

Ya faltaban unos días para la noche buena, había luces, arbolitos, las compras, la euforia de la gente, el aguinaldo, el flujo del comercio, los gritos de los vendedores, las ofertas navideñas, la madre de los niños les llamó a sus hijos y les preguntó  que si ya tenían su carta hecha para Santa, los niños respondieron, que querían hacerlo con ella como todos los años, los niños emocionados escribieron su carta a Santa, ella les prometió que se encargaría de que santa viniera la noche buena,  pero… de momento llamaron a los niños y los sentaron junto a la cama de su madre, a cada uno su madre lo tomó de la mano y les dio su bendición, la ayudaban unas personas mayores; a cada uno de sus pequeños les daba un beso y les repetía, tu eres muy fuerte, prométeme que cuando seas grande lucharas por ser feliz, estudiaras, trabajaras para lograr tus sueños, serás un hombre o una mujer de bien.

Aquel día fue inolvidable para esos niños un día después al amanecer empezaron a llegar amigos de la familia, vecinos, los familiares hablaban en voz baja, sus caras tristes, el padre de los niños lloraba y abrazaba fuertemente a sus hijos, las maestras compañeras de la enferma lloraban mientras comentaban “los niños están aún muy pequeños”.

Los médicos llegaron y hablaron muy discretamente con la familia, esta soltó en llanto, en ese momento el hermano mayor de los niños quien era un seminarista llegaba con un sacerdote, entraban a la recámara  de la madre, de quien aún se escuchaban sus lamentos de dolor; en ese momento el doctor decía, que el cáncer había invadido su cuerpo y que no había nada que hacer, esas palabras llegaron hasta los oídos y corazón de la niña menor, quien corrió hasta su madre encontrando a su padre postrado a un costado de la cama de la mujer agonizante, la niña tomó de la mano a su madre y le decía… ¡mamita no te vayas! ¡Mamita no me dejes por favor! Prometo portarme bien, por favor, por favor, llévame contigo, aquí está mi mano ¡llévame! No quiero estar sin ti, ¡papi dile a mamá que me lleve!…el llanto de la niña, era triste, lacerante ¡desgarrador!, la madre con gran esfuerzo le decía mientras le apretaba su mano, que no se le olvidara que Santa Claus llegaría esa noche, y que al día siguiente buscara en el ropero sus juguetes para ella y sus hermanitos, que siempre la amaría, y que cuando se sintiera sola, mirara al cielo, ya que ella se convertiría en una estrella, y que siempre alumbraría su vida.

La niña no lo comprendía, solo sentía que su madre se moría, el apretón de las manos de la madre a su hija era cada vez más débil, eran unas manos casi cadavéricas, de ¡momento! La mano de la madre se quedó sin fuerza, la niña gritó ¡mamá no me sueltes! ¡Mamita aquí estoy! ¡No me dejes!, en su desesperación la niña le abría los ojos a su mama, pero “su madre ya estaba muerta” … Ese día 24 de diciembre esa mujer y madre dejó de existir; en una noche de fiesta, brindis, regalos, abrazos, propósitos, para todos menos para esos niños, esa mujer cerró sus ojos para siempre.

Efectivamente santa llegó al otro día, y la niña encontró unos trastecitos de barro y un hermoso cascanueces, que tenía su nombre, la madre murió, pero nunca se olvidó de que Santa Claus tenía que entregarles los regalos a sus hijos. 

Hoy aquella niña de ocho años, está convertida en una mujer de bien, pero…aún recuerda aquellas palabras de su madre, aquel esfuerzo que hizo su madre para que llegara Santa Claus, aquella bondad que aprendió de su madre, no la olvida y… recuerda el olor de la colonia de su madre, el de Jazmín y cuando siente nostalgia, va a un centro comercial, para oler esa colonia, le recuerda los grandes valores de su madre… pues recordar es vivir.

En estas fechas la mayoría de la gente está llena de propósitos, metas, y en algunas partes, hay hijos que se olvidan de su madre, o lo peor se avergüenzan de ella, pues ya se sienten hijos de la elite, recuerda que el amor verdadero viene de una madre, no te olvides de ella.

Y recuerda, ¡jamás! permitas que el dolor, la soledad, resentimiento, la avaricia, la maldad, envidia y el rencor debiliten la enorme fuerza y fortaleza que dios puso dentro de ti, no permitas que el orgullo mate o lastimé a los que te aman, aprende a reconocer quien de verdad te quiere, y se agradecido, por que recuerda, ¡¡que el amor!! No se compra… se gana… ve a donde te amen, porque la vida es tan efímera y solo tenemos esta vida, no existe otra.

Sean felices y si aún tienes a tu madre que afortunado eres, aprovéchala, disfrútala, dale y recibe su amor. Dios los bendiga a todos, feliz navidad a todos, y un exitoso año nuevo.

Correo: lexfemme.12@hotmail.com

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