INSEGURIDAD. DISCURSO Y PERCEPCION

PIENSO, LUEGO ESCRIBO

INSEGURIDAD. DISCURSO Y PERCEPCIÓN

Por Akiles Boy *

La seguridad pública, tema recurrente, “prioridad oficial y social”, uno de los rubros que ocupa grandes espacios en los impresos, medios digitales y redes sociales. Los mexicanos, en general, perciben una creciente ola de violencia y delincuencia, que literalmente ha borrado la tranquilidad de las familias. Hay un estado de alarma, algunos estiman psicosis, generado por la acción imparable, impune, de delincuentes de cualquier perfil, que acechan el patrimonio y amenazan la libertad y la vida de las personas, sin reparar en su status social y económico. La impunidad y la corrupción, son factores que animan y son una ventaja para los maleantes, mientras que para los ciudadanos, son dos causas que los colocan en estado de indefensión. Es el Triste cuadro del México real, de cualquier pueblo de la República, omitiendo el recuento de las regiones con foco rojo o críticas.

Los mexicanos, confiados en el discurso de los gobernantes, y en los últimos años, más ocupados por mantener un  modesto nivel de vida, y la mayoría por sobrevivir,  nos descuidamos, nos distrajeron y ahora vemos y padecemos una terrible descomposición de la sociedad y de las instituciones. No hay un solo día, que en las noticias y notas informativas, no se reporte un hecho delictivo. Ejecuciones, secuestros, asaltos, robos, fraudes, etc. Las estadísticas, las no gubernamentales lo revelan con crudeza. Las oficiales, aún con arreglos cosméticos, también reconocen la grave situación que presenta el País.

Ahora, resulta imposible no poner este tema en la mesa de las discusiones, de pronto proliferan los grandes estrategas que darán solución definitiva al problema de la inseguridad, quienes se aventuran a redescubrir o crear nuevos diagnósticos, de los cuales ya están los ciudadanos hasta la madre, porque no se ve salida, ni se vislumbra cuándo terminará esta pesadilla. Cunde la percepción de vulnerabilidad, de temor, de incertidumbre, de desconfianza que provoca el insomnio de muchos mexicanos.

La apuesta fuerte del Gobierno Federal es la Guardia Nacional, que paulatinamente despliega su operación, a la que ahora también le endilgaron la contención de migrantes en las fronteras. Por otra parte, se espera que con los programas sociales, especialmente los dirigidos a los jóvenes, se detenga la incorporación de hombres y mujeres a las filas del crimen organizado y el narcotráfico. Estas no son soluciones mágicas, la problemática es monumental.

La culpa es de todos, un Estado omiso y cómplice, una sociedad dormida o distraída, fueron campo fértil para el florecimiento de los grupos de la delincuencia y los cárteles de la droga. Estamos en la peor etapa en materia de seguridad pública de las últimas décadas. Persiste la desarticulación de las corporaciones de seguridad, tampoco se ve una eficiente coordinación entre los gobiernos Federal, estatal y Municipal, lo impiden las obsesiones partidistas. La sociedad confundida y temerosa, solo alcanza a resguardarse como puede y asumir medidas de prevención,  para evitar, en lo posible, convertirse en víctima y en un número de la estadística.

En numerosas ciudades del País, hay una tendencia y la sociedad alienta la iniciativa para emprender acciones preventivas y de legítima defensa, en un ambiente inseguro y de crispación social por los efectos nocivos de la creciente violencia y delincuencia.

Desde hace tiempo, ya se habían visto Fraccionamientos y Unidades Habitacionales completamente cerrados, con vigilancia y control de acceso, con autorización implícita o dialogada con la Autoridad Local. Igual que casas y negocios con rejas en puertas y ventanas. Pero en estos últimos años, ante la inseguridad que atemoriza y la evidencia de que los Gobiernos no garantizan la  seguridad y protección, los ciudadanos organizados y apoyados en mayorías, con más frecuencia, están  recurriendo a esa práctica de reducir y controlar espacios de riesgo y vulnerabilidad en sus colonias. “Más vale prevenir, que lamentar”. Puede ser una receta extrema, incluso temporal, pero la circunstancia lo justifica. Se vive una situación extraordinaria por la intensidad de la acción delincuencial y el caos derivado de la descomposición social y política de este País. Hasta la próxima.        

Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.

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